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Tierra del Fuego

Volteretas de un Gobierno impotente

Guillermo Worman   | Participacion Ciudadana


El Gobierno de Fabiana Ríos sigue con la mecánica política del año anterior. Primero fue el proyecto inviable de
reforma de la Constitución que no logró ni el más mínimo debate y que, a la distancia, solo puede entenderse como
una intentona declamativa. Es decir: sin el más mínimo poder político, un gobierno procura, insólitamente, reformar
una Constitución sobre algunos temas centrales.
Ahora sucede lo mismo. En las puertas de un año político y en el final de sus 8 años de gestión, Ríos procura reformar
el sistema jubilatorio que ha colapsado, siendo la seguridad social con mayores ingresos y desigualdades del país.
El Gobierno, para justificar su posición, desnuda su verdadera situación política. Indica que presentó varios proyectos
reformatorios y que ninguno de ellos prosperó. Y esto es cierto porque el oficialismo no tiene potencia política para
que sus iniciativas prosperen.
Repasemos hacia atrás: Ríos anuncia en una conferencia de prensa un proyecto que frenaría la implosión del
megainstituto. Meses antes, el legislador oficialista Fabio Marinello, uno de las dos bancas que tiene el Gobierno,
presenta una acción para jubilarse a los 46 años como docente, percibiendo los ingresos de un legislador. Aunque lo
de Marinello no es nuevo. Cuando la gobernadora Ríos abrió el debate en el Consejo Económico y Social para lograr
modernizar el funcionamiento del Poder Judicial, el mismo legislador Marinello – que integra el Consejo de la
Magistratura– no participó en ninguna de las reuniones de Comisión, como tampoco en las tres audiencias públicas
realizadas en las únicas ciudades que tiene la provincia.
Pero esto forma parte de un proceso de desgranamiento del poder que la gestión Ríos supo construir allá por 2007.
Inicialmente el Gobierno contaba con dos senadores (José Martínez y María Rosa Díaz) y un diputado nacional
(Leonardo Gorbacz y luego Nélida Belous). También supo adjudicarse 6 de los 15 legisladores (el 40% de los votos
legislativos) y tres concejales, dos en Río Grande (Gustavo Longhi y Marisa Montero) y José Luis Verdile en Ushuaia. En
el norte tenían 2 de 7 concejales y por el sur cosechó 1 de 7, logrando en la capital ingresar en tercer lugar, detrás
de la Unión Cívica Radical y el Frente para la Victoria.
Ríos estaba a dos votos en la Legislatura de alcanzar la mayoría parlamentaria que le hubiese permitido lograr la
aprobación del paquete de leyes que había prometido en su campaña electoral, y así dejar instalada una reforma
institucional que perduraría mucha más allá de sus gestiones. Nada de eso sucedería.
El primer síntoma de debilitamiento fue la renuncia del vicegobernador Carlos Bassanetti, que a los meses de asumir
dejó su cargo en un silencio inexplicable hasta hoy.
En paralelo, la conducción de los principales sindicatos fueguinos fue quedando en manos de sectores contrarios al
Gobierno, a pesar de haber logrado la Gobernación con el apoyo de las centrales estatales más importantes.
Hacia el final del primer mandato ya tenía absolutamente disgregado el bloque legislativo, al punto que el principal
referente que tenía en la Legislatura, Manuel Raimbault, se transformó en unos de sus principales críticos y
opositores ya para el 2011.
Cuando la gobernadora logró ser reelecta su partido había perdido estrepitosamente. Ella ganaba en segunda vuelta
frente a Rosana Bertone, revirtiendo un resultado sorprendente, mientras el oficialismo bajaba a 2 de 15 bancas
legislativas (del 40 al 13,33%), perdía las dos bancas en Río Grande y entraba arañando y en último lugar en el Concejo
Deliberante de Ushuaia. Ya no tenía senadores ni diputados. En 2013 el PSP no se presentaría candidatos a las
elecciones nacionales.
Lo cierto es que las buenas intenciones políticas no se alcanzan sin la cuota de poder necesaria para poder
concretarlas. Ríos juega con eso. Presenta buenas declamaciones sabiendo que no tiene chances concretas de ser
aprobadas. Ahora, por ejemplo, presenta una propuesta de fondo –titánica en términos estructurales– y uno de sus dos
únicos parlamentarios le juega en su contra. Del 13,33% de capacidad legislativa, tendría para la última reforma solo
el 6,66%. Ninguna ley se aprueba con ese miserable porcentaje.
Esta ineptitud política ha sido la constante de los últimos años y confirma una de las reglas constantes de la política:
la capacidad de transformación política es directamente proporcional a la capacidad de poder que un Gobierno es
capaz de alcanzar.
El último dato confirma la regla: después de 8 años al frente de un Gobierno, el oficialismo recurre al liderazgo
personal para intentar mantenerse en pie. “Fabiana Sigue” es la única respuesta que han podido construir tras dos
gestiones consecutivas.
Simplemente es la falta de aptitud para que los proyectos que se presentan puedan llegar a destino. Capacidad de
construir y sostener poder para generar transformaciones, de eso se trata.


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