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Tierra del Fuego

Suicidio:Algunas ideas sobre un tema ausente de las agenda sanitaria

Leonardo Gorbacz   | Psicologo- Coordinador de la Comisión Interministerial de Salud Mental a nivel nacional.


Según la Organización Mundial de la Salud alrededor de 800 mil personas mueren cada año por suicidios en el mundo, siendo el 80% de esas víctimas varones. Por cada dos suicidios consumados se estima que hay aproximadamente 100 intentos fallidos.
La Patagonia, y no exclusivamente Tierra del Fuego, es una de las regiones con las tasas más altas a nivel nacional.
A pesar de ser una de las primeras causas de muerte de personas jóvenes a nivel mundial, este no es habitualmente un tema de agenda pública ni, me atrevo a decir, tampoco ocupa un lugar relevante en la mayoría de las políticas sanitarias a nivel global.
Es posible que ello responda a que se asume el suicidio como un hecho privado e inevitable, lo cual es una verdad a medias.
Si bien hay una dimensión privada y, en ocasiones, imposible de prevenir y evitar, también hay una dimensión social en esta problemática, de cuyo análisis surgen herramientas concretas de prevención que se pueden desarrollar a través de políticas públicas para reducir las tasas de suicidio.
La atención oportuna de los padecimientos mentales es fundamental. Si bien no siempre una persona que comete un suicidio es porque venía desarrollando previamente un proceso psicopatológico, la posibilidad de contar con asistencia en salud mental ante determinados eventos vitales que generan sufrimiento es un factor de prevención muy eficiente.
De hecho, a pesar de no ser noticia, la mayoría de esos intentos fallidos que son recibidos en las guardias hospitalarias continúan con un cuidado por parte de los servicios de salud mental que no sólo apunta a contener la crisis puntual sino que, muchas veces, permiten un trabajo más prolongado que ayuda a las personas a reordenar su forma de percibir y posicionarse en su contexto y asumir de un modo distinto sus frustraciones y conflictos.
Para lograr esa atención oportuna no sólo es importante que tanto el Estado como las Obras Sociales y Prepagas mejoren su oferta de atención, evitando listas de espera o trámites burocráticos innecesarios, sino también remover los prejuicios que hacen que muchas personas sientan vergüenza de consultar con un profesional psicólogo o psiquiatra por temor a ser catalogado como “loco/a”
Esa atención debe ser integral y orientada a trabajar junto a la persona en las causas que generan su sufrimiento, y no sólo a paliar el mismo. En Salud Mental, como cualquier otra área de la salud, la buena práctica indica que es preciso curar las causas y no sólo aliviar los síntomas de las enfermedades. Es habitual que personas que reciben exclusivamente tratamiento psicofarmacológico, por ejemplo por depresión, terminan intentando (a veces con éxito) quitarse la vida a través de la toma masiva de esos mismos medicamentos que se le han prescripto para tratarse.
También es necesario trabajar con el entorno inmediato de aquellas personas que pierden la vida producto de un suicidio, acompañándolas en ese doloroso y particular proceso de duelo. Esto incluye a la familia, allegados, amigos y compañeros de escuela y/o trabajo. Tener un allegado que ha cometido un suicidio constituye un factor de riesgo, no por la vía de la herencia, sino por la posibilidad de que el proceso de asimilación de ese acontecimiento no haya podido desarrollarse de manera efectiva.
La Organización Mundial de la Salud también hace hincapié en el tratamiento responsable del tema a través de los medios de comunicación, porque está probado que ciertas formas de comunicar hechos de suicidio pueden generar un efecto de imitación, así como también es cierto que una correcta comunicación puede ser de mucha ayuda. Esto no significa, obviamente, que alguien que no tiene ningún factor de riesgo vaya a cometer un suicidio sólo por leer o ver la noticia en un medio de comunicación, pero sí puede aumentar el riesgo en aquellas personas con una disposición a cometer este tipo de hechos. Hay ejemplos, en la historia de la humanidad, donde luego de la publicación de novelas que han tenido mucha difusión y cuyo protagonista comete un suicidio, el índice aumenta de notablemente de manera inmediata.
Evitar la publicación de imágenes o de cartas, no realizar coberturas repetitivas en medios audiovisuales, no aportar culpas ni culpables, proporcionar información adecuada sobre líneas de ayuda o lugares de atención en salud mental, ayudar a desmontar los prejuicios que alejan a las personas de la consulta profesional, son algunas de las líneas a tener en cuenta en materia de comunicación. Un manual más completo sobre el particular ha sido publicado por el Ministerio de Salud en su página web www.msal.gob.ar/saludmental, aconsejo su lectura.
Por último, la construcción de una sociedad más solidaria es, tal vez, el mayor de los antídotos y la mejor de las prevenciones. La vida está llena de sinsabores, y nadie está exento de atravesar momentos o situaciones difíciles. No todos tienen la misma capacidad de superar esas situaciones, o de hacer de cada frustración la ocasión de una nueva búsqueda.
No se trata entonces de mirar con lupa de detective a quienes nos rodean, para ver quién podría estar en riesgo y quien no, sino más bien de estar más abierto a la comunicación con nuestra familia, con nuestros vecinos, con nuestros amigos y compañeros de escuela o trabajo. No ser indiferente ante aquellos que se aíslan y no se integran.
Tener con quien hablar, sentirse parte de un grupo, a veces puede hacer la diferencia entre la vida y la muerte.


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