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Tierra del Fuego

La cultura, un adorno prescindible.

Julio Cesar Lovece   | Presidente Fundación Ushuaia XXI


Las declaraciones de un legislador, en las que calificaba de inmoral apoyar la construcción del proyecto Polo Cultural de Arte, Ciencia y Tecnología, quedaron en anécdota al comprobar que dicho proyecto se hallaba dentro de fondos que involucraban muchas otras obras, cuyo financiamiento corría peligro, en caso de desestimarse el Polo Cultural ninguneado.

Siempre existen argumentos para justificar este tipo de políticas de desvalorización de la cultura, se trata de priorizar aquellas obras de infraestructura de carácter básico, por ejemplo, en educación y salud. Obras que, al no estar hechas o ser insuficientes, parece que no eran consideradas elementales hasta que debieron competir, en presupuestos acotados, con un centro cultural, de ciencia o museo, por nombrar tres actividades que casi siempre llevan las de perder, en esta escala de prioridades.

Este hecho trajo a mi memoria algunos dichos de un filósofo y profesor calabrés, Nuccio Ordine, quien ha dedicado un libro a analizar la relación de los políticos con la cultura, dice: “Los políticos matan la cultura porque desprecian la cultura, pero también porque le tienen miedo”. Será injusto generalizar ya que existen, por suerte para todos, importantes excepciones. También afirma que “La ausencia de cultura es el abono necesario para que prospere la corrupción”. Algo con lo que podríamos hacer sopa en nuestra provincia. Pero me voy a detener en una última frase de Ordine: “En nuestra sociedad se considera útil sólo aquello que produce beneficios”.

La cultura es considerada inútil o “entretenimiento” de los que, en caso de crisis económica, se puede prescindir. No genera beneficios, dentro de ese sentido lucrativo de la vida al que estamos acostumbrados y creo que, en gran medida, es la principal motivación por la que algunos de nuestros legisladores estuvieran dispuestos a votar en contra del mencionado proyecto. En definitiva consideran que la cultura no trae beneficios, además involucra a un sector poco representativo, escaso, pacífico, envuelto en una bohemia a menudo poco comprensible y de cuyo trabajo, suele disfrutar un porcentaje de la población también escasamente representativo. (En votos).

Muchos políticos o funcionarios tienen una mirada escasa de la cultura, por decirlo en una forma amable. Tan escasa que quizás no les molesta se gaste, por ejemplo, la cuarta parte de esos 16 millones de pesos, en un espectáculo con Mickey y el Pato Donald, al que posiblemente llevaron a sus hijos o que se aumente considerablemente el presupuesto destinado a viáticos, dietas y asesores en la legislatura. Pero efectivamente califican de “inmoral” gastar algunos millones de pesos en un centro cultural como el que no tenemos en una ciudad y provincia que ha visto crecer todo, pero absolutamente desproporcional al ámbito público de la cultura. Basta recordar que nuestra principal infraestructura destinada exclusivamente a esos fines, data de mediados de los 90.

Una de las tantas definiciones de la palabra cultura, involucra al “conjunto de saberes, creencias y pautas de conducta de un grupo social, incluyendo los medios materiales (tecnologías) que usan sus miembros para comunicarse entre sí ­ y resolver sus necesidades de todo tipo”. Qué paradójico no? Lo que algunos de nuestros políticos consideran un “adorno”, parece que es lo que más falta nos hace para solucionar muchos de los problemas de nuestra provincia o, lo que es mejor, no generarlos.

Pero me atreveré a sumar otra reflexión quizás más importante. No será acaso que los problemas que tenemos en este lugar, sociales, económicos y políticos, resultan alimentados por el desarraigo que pulula en nuestra, cada vez más, abundante población? Y qué es el desarraigo sino la falta de identidad con el lugar que nos cobija?

Pregunto entonces: como forjar esa identidad y fortalecerla sino es a través de la cultura?

Los políticos tienen características que consideran indispensables y de las que se enorgullecen íntimamente, se trata del “olfato político”. Nada dicen o deciden sin “olfatear” primero la potencial posición u opinión de la ciudadanía en el hecho a decidir o votar. Claro que si la elección debe ser entre un polo cultural y un hospital en buenas condiciones, nadie duda de la respuesta del público. Si debemos elegir entre un polo cultural y más escuelas, debemos prepararnos para seguir viviendo sin el primer servicio.

Solo debemos rogar que no nos lleven a la situación en la que tengamos que elegir un día entre la educación y la salud, deberemos entonces dilucidar entre ser perfectamente sanos y analfabetos o, por el contrario, enfermos pero educados.

Julio César Lovece
Fundación Ushuaia XXI


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