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Tierra del Fuego

La tragedia de las leyes sin alma

Julio Cesar Lovece   | Presidente Fundación Ushuaia XXI


Mientras redacto esta nota escucho la noticia del quinto incendio forestal, en lo que va del verano en nuestra provincia, camino a Aguas Blancas.

Observando el tenor de las noticias podemos visualizar cierta rutina, difícilmente encontremos un verano en que no hayamos tenido que padecer este tipo de eventos. Los fueguinos ya estamos acostumbrados.

Nunca habrá suficientes elementos para combatir los resultados de este cóctel perverso: "insensibilidad e impunidad".

Haga la prueba amigo lector, publique en su facebook alguna fuerte imagen de un incendio forestal, brigadistas arriesgando sus vidas, la desolación de un paisaje destruido, rogando más sensibilidad y es muy posible que para la mayoría de sus contactos, resulte más "compartible" un perrito perdido o las cirugías de Susana Gimenez.

Esto refleja que, las escasas campañas de concientización de parte del Estado, son estériles y a juzgar por la reiteración de estos hechos, también exiguos los controles.

Hablando con un experto en el tema, me decía que es muy difícil poder probar un delito de estas características. Seguramente mucho más si no existe la voluntad política de llevar presos a quienes los cometen.

Todo parece indicar que solamente podrías ser sancionado, si te encuentran en medio del incendio, con un bidón de combustible, una enorme caja de fósforos y una confesión escrita y firmada. Aunque me quedan algunas dudas, si a la semana no te encuentran nuevamente haciendo un asadito en medio del bosque.

Seamos sinceros, los delitos ecológicos siempre son impunes.

Si rompes la vidriera de un comercio, vas preso, aunque esa misma tarde ya está reemplazada. Y está bien que así sea. Pero si incendias un bosque con miles de árboles y todos sus ecosistemas, que tardará cientos de años en regenerarse, no pasa nada. No pueden decir que es imposible.

No viajemos muy lejos, al país vecino solamente: Rotem Singer, un turista israelí que generó un incendio forestal en Torres del Paine, Chile, en el año 2012, fue detenido, enjuiciado y condenado a: “elaborar y ejecutar una línea de base post impacto del daño ambiental”. Reparar el bosque nativo afectado, forestando con especies nativas y reparando el suelo. Además "deberá implementar medidas de recuperación de los hábitat de las distintas especies de avifauna que fueron desplazadas a consecuencia del fuego, y de las condiciones originales de las riberas y las aguas". "Por último, deberá elaborar y ejecutar planes bianuales de seguimiento ambiental, por un periodo no inferior a 20 años" y "La sentencia dispone, además, que el Estado de Chile puede solicitar que un tercero -en este caso la Embajada de Israel- ejecute las acciones de reparación ambiental decretadas, en el caso que Singer no pueda hacerlo".

Otro caso. El pasado 15 de enero, Oni Kaashpti, nuevamente turista israelí, fue sorprendido haciendo fuego en Torres del Paine. Se lo detuvo y puso a disposición de la justicia chilena que lo condenó inmediatamente a una multa que se le obligó a donar a los bomberos de Puerto Natales y luego se lo expulsó prohibiéndosele regresar a visitar el lugar por un término no inferior a dos años.

Me pregunto entonces, habrá voluntad en los organismos de aplicación y en la justicia argentina de hacérsela un poco más difícil a los negligentes o delincuentes?

Opinan los expertos que los incendios forestales, como ocurre con otros daños ambientales, no son daños comunes. No se daña sólo un bien particular, se está destruyendo un bien público, por lo tanto se están vulnerando derechos colectivos. Se trata de un daño inmensurable por la incapacidad de medirlo; además es irreparable e irreversible ya que, una vez dañado, resulta imposible retornarlo a su estado original.

Pero por sobre todo se trata de un daño intergeneracional, la destrucción afectará nuestro presente y, por lo menos, al de nuestros hijos y nietos. En estos casos, como en otros muchos, la actitud individual tiene un costo social, económico, cultural, turístico, etc., es lo que algunos rotulan como "externalidades negativas".

Hallándome muy lejos de ser un experto, por lo tanto investigando antes de escribir, he terminado dudando si es que nuestra legislación ambiental es suficiente o inefectiva. Si es que está, como otras tantas leyes ambientales, dirigida a las conciencias, no así a las conductas. El Dr. Ricardo Luis Lorenzetti las denomina, "declarativas, tranquilizadoras, exponen el conflicto pero no lo resuelven y no impactan en las decisiones de los individuos. Son leyes que están despojadas de los instrumentos efectivos que le permiten tener vida concreta, son leyes sin alma que se limitan a describir símbolos".

En comunidades como la nuestra, existe todo un andamiaje legal y político, y una especial sensibilidad, para alimentar los estímulos individuales, para proteger el bien particular. Pero a la hora de socializar o proteger o custodiar los bienes colectivos, hallamos vacíos o ineficiencias. De eso se trata "la tragedia de los bienes comunes".

Hasta el próximo incendio forestal.


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