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Tierra del Fuego

El IPAUSS a las urnas

Guillermo Worman   | Participacion Ciudadana


El mega instituto previsional ya monopoliza la agenda de la campaña electoral, incluso entrando dentro de las
fronteras de las tres ciudades fueguinas. En su peregrinar, afiliados que no perciben sus haberes con regularidad han
llevado el tema a cuanto lugar posible. Lo mismo han logrado quienes no están contenidos por el sistema asistencial.
Candidatos y autoridades han recibido las respectivas visitas (incluso, en el Superior Tribunal).
Las cuatro I son las causas de la hecatombe: Impotencia política para reformarlo, Imprevisión ante un
desmoronamiento anunciado, Incapacidad financiera y presupuestaria e Ilegitimidad de argumentos.
El actual Gobierno ya demostró que no está en condiciones de revertir la situación y todo el espectro fueguino solo
está a la espera de ver sí la próxima gestión tendrá el poder político para reestructurar el Instituto y amortiguar las
reacciones que vendrán por detrás. Al menos hay dos frentes: conseguir mayoría dentro de la dinámica de bancas
parlamentarias (8 votos) cuanto antes y tejer una estrategia para interactuar con el caótico, disperso e imprevisible
sector de activos y pasivos estatales, sobre todo algunas de sus organizaciones con reacciones incompatibles con
cualquier proceso razonado. Cualquier reforma que se produzca traerá reactivamente alguna cuota de
disconformidad.
Tal como está trazado el escenario, los activos que se encuentran ante las puerta del edén (próximos a jubilarse)
pueden llegar a ser el sector más opositor, por tanto apegado a los fantasiosos beneficios.
Guste escucharlo o no, el sistema de privilegios no puede continuar más allá de los próximos meses. Intentar
sostenerlo a la fuerza o con argumentos disparatados (no hay manera de defender los 25 inviernos o el calculo de
haber sobre los dos últimos años, por ejemplo) solo empuja el sistema hacia al barranco. Entonces, cuanto más
compleja su solución, más contribuyen a las ideas de quienes creen que la salida es unificar el sistema junto con el
nacional.
¿Pueden los candidatos blanquear sus propuestas de salvataje para el IPAUSS, a solo un par de meses de las
elecciones? ¿Es más sano esperar a ganar para sincerar las medidas que necesariamente vendrán por delante? ¿El
electorado votaría por una formula que sincere la situación de este Titanic, en donde habrá que tomar medidas
rigurosas?
Uno esperaría un debate electoral franco y directo sobre el tema, pero esto es difícil de imaginar en política. Sobre
todo a poco de elección en donde se reconstituye todo el poder político fueguino.
El tema se resolverá a través de las urnas, entonces. Quien gane tendrá poder fresco entre manos para actuar y
deberá aprovechar sus primeros pasos para resolver una situación propia de un paciente en terapia intensiva.
Consecuentemente, previo a afrontar el desafío hay que construir la hegemonía que permita convertir al IPAUSS en
una organización que sobreviva en el tiempo. El primer elemento se obtiene con el resultado de las urnas, los
siguientes con pragmatismo político y legitimidad.
A nadie escapa que volver sostenible al IPAUSS creará un frente de resistencias por parte de aquellos que perderán
privilegios ilógicos (Marinello: jubilarse con el haber de un legislador, abusando del marco regulatorio docente y
formar parte del mismo gobierno que se rememora como el único con intención franca de producir algún cambio).
Lo cierto que avisar cómo se gobernará puede ser un alto riesgo para aquellos que no quieren perder algún voto en el
camino a causa de un sincericidio. Sin embargo, debería buscarse el acompañamiento del electorado como una de las
posibles medidas para amortiguar el impacto de bajarle la cortina al festival previsional (¿Dónde más de un ex juez
cobra más de $100.000 mensuales por haber trabajado durante 5 años?). Dotar de legitimidad a quienes deben hacer
cirugía mayor sobre el caos que regentea al organismo puede ayudar a descomprimir el futuro conflicto. Y quien no
vea acercarse el iceberg, terminará de igual manera sino prevé cómo moverse a tiempo para evitar el topetazo. Si el
encontronazo es inevitable, la estructura debe estar preparada para el choque y seguir a flote.
En este caso se han juntado el ¨ hambre + ganas de comer¨ en términos políticos. La ineptitud de los gobernantes
junto con un cúmulo de demandas absolutamente insensatas. Será entonces misión dentro de los ¨primeros 100 días
¨del próximo gobierno electo el 28/6 de mostrar su capacidad para forjar una salida política que dote de estabilidad al
Instituto convertido en un verdadero siniestro de la seguridad social.
Asegurar la cuestión IPAUSS le dará a la Provincia la oportunidad de reacomodarse para lanzarse hacia otros frentes
que hay que resolver. Pagar sueldos, aportes, contribuciones y la asistencia al sector de empleados estatales es solo
algunos de los compromisos que implica gobernar Tierra del Fuego.
¿El electorado que pertenece al microclima estatal votará por una formula de gobierno que avise que habrá que
meter al sistema dentro del quirófano y hacer cirugía mayor?
Seguramente será menos complejo si se tiene la capacidad de explicarle a la población las causas, consecuencias y
salidas posibles. Los electores tendrán que analizar las propuestas y –guste o no‐ asumir que vendrán decisiones
políticas en la que no todos estarán de acuerdo. Los rechazos muchas veces son producto de determinaciones que se
toman y que la población no comprende su motivación. También cuando la ciudadanía no es escuchada. Distinto es
cuando la comunidad entiende la imperiosa necesidad de tomar decisiones sacrificadas.
Lo seguro es que entre el 21 y 28 de junio se elegirán a los próximos equipos de gobierno. El IPAUSS atraviesa a unos y
otros, sin distinción partidaria, social, ideológica o territorial. Es una amenaza que puede llevarse a todos puestos. De
allí la importancia que los electores votemos propuestas electorales y a candidatos que tengan capacidad de campear
una crisis estructural de este tamaño.
La solución al IPAUSS es de un doble camino: electoral y político. También una doble complejidad: inmediata para los
políticos y estructural para las soluciones técnicas. Solucionar el tema resulta absolutamente inevitable. Votando se
elegirá a quienes lleven al barco a través de la tormenta y lo hagan amarrar luego en aguas más tranquilas.


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